Tenía un DLF (día de libranza por festivo trabajado), así que lo pedía para el jueves que los del coto de en frente no van a cazar. Así pues, salí del trabajo y me fui a mi casa a cenar, tenía la intención de comer poco pero acabé con bocadillo y medio de jamón, y unas natillas.
Me acosté a las 2, a las 4 estaba despierto, a las 5 sonó el despertador. Como siempre lo dejo todo para lo último preparé las cosas. Tuve que bajar a por varias que se me habían olvidado: El agua, las navajas y el pasamontaña.
Me fui corriendo porque había quedado con Rafael en recogerlo en su casa, subimos los bártulos y nos fuimos. Por el camino me iba contando historias propias y otras de oídas, cabe reseñar que la guardia civil iba quitando las escopetas si te bajabas del coche y te tomabas un café, lo descubrió porque estaban varios tomando cafés con las escopetas en la funda en el bar.
Llegamos a Santa Olalla de Cala, tomamos un café con una media con aceite y ajo. Mi acompañante se tomó un vaso de guidas, cuando llevaba medio vimos que aparcó el coche de la guardia civil. El miedo se le infundió en el cuerpo al compañero que nos lo pegó a todos. –Nos vamos, nos vamos, que están aquí estos- se tomó la copa en medio segundo, que no sé ni cómo se tragó el vaso y salimos pintando. Por el espejo retrovisor los íbamos controlando, se quedaron en el bar.
-Lo ves, para hacer cabronada, para eso se quedan ahí, para putear a la gente de bien, como no tienen otra cosa qué hacer y como le han quitado los terrenos libres pues ya no nos pueden coger. Yo no voy a pagar que el tío la mujer no le haya dejado follar esa noche y esté con los cuernos retorcidos, quita, quita, nos quitamos del medio, y nos quitamos de problemas-.
Compramos el pan. Seguíamos con la anécdota riéndonos, nos duró todo el día.
Llegamos a coto, entramos por otro sitio, dejamos el coche apartado antes de entrar en el coto contrario. Nos llevamos las cosas de comer y las escopetas enfundadas. Saltamos la vaya para entrar en nuestro cazadero. Hicimos el puesto aún sin luz, no veía absolutamente nada. Menos mal que Rafael le pegó dos patadas una aulaga y me montó el puesto. Él llevaba uno portátil.
El primero pasó aún a oscuras, pero no le pude tirar, estaba guardando las llaves del coche y la cartera para que no se me perdieran. El segundo no tardó en pasar, no le acerté en el primero, en el segundo le saqué plumas, y pensé que había caído, pero el perra que tiene el compañero no dio con él, así que supuse que el tiro iba trasero y sólo le arrancó plumas. No pasó ni uno más.
A las 11, con el día nublado y con un frío de mil demonios, hicimos una fogata, comimos: yo llevé una tortilla y gazpacho, y algo de cachina y Rafael llevó panceta y chistorra. Nos bebimos tres litros, cuando terminamos de comer fuimos a recoger más leña, encendemos un candelón y nos dormimos al lado del fuego. Me desperté con frío, la llama se había acabado. Eché más leña al fuego, se encendió al instante, así que me volví a acostar con el comentario del amigo “gracias Conradito hijo, gracias, estaba ya muerto de frío y no me había dado cuenta que el fuego se había apagado”.
Me levanté con el toque leve en el hombro de los dedos de mi compañero diciéndome que nos íbamos al otro cazadero, teníamos que recogerlo todo, tenía una fatiga enorme, el corazón me latía a mil. Saltamos la valla que divide un coto y otro, yo creía que iba a echar el pato por el camino, para colmo la noche anterior algo me había caído mal y tenía muchos gases y ahora venía la parte sólida, (me estaba cagando, odio hacerlo en el campo. Llegamos a los puestos de por la tarde, abrí el banco y fui a evacuar (qué fino me ha quedado esta vez), me senté después en mi banquito a ver si se me pasaba la fatiga, tenía muy mala cara, peor que la de la habitual. Mirando para el suelo me pasaron un bando de palomas torcaces por la derecha que pensaba que se iban a echar pero no las pudo tirar porque las vi muy tarde.
Empezaron a pasar zorzales, muy altos todos, y pude derribar dos, un zorzal alirrojo y un zorzal común. Los demás se fueron o heridos (4 de ellos) o no les di.
En el primer tiro de por la tarde me acordé lo que me pasó el día anterior al pegar un tiro: apunto a un zorzal, disparo y escucho explosionar el misto pero no el culatazo normal que da la escopeta y el ruido tan enorme que hace, me la separo de la cara un poco y escucho “ssshhhhhhhhhhhhhhhh” blouuum, como si hubiera descorchado una botella de cava, saliendo el taco llegando una un tercio de la altura. Miré la escopeta, sacé el cartucho que no había salido de la recamara (menos mal) y estaba arrugado, así tiré toda la tarde con miedo. Es un cartucho bueno, Río 20, fabricado en Huelva, pero llevaba la caja en el coche desde el verano y la pólvora se enfrió.
Ya camino a casa estuvimos haciendo planes para el jueves que viene, amenazamos con volver. Cuando llegué a casa estaba reventando, me fui a cenar por ahí con mi novia y a las 2 me acosté.
enero 13, 2012
Categorías: Cacería . . Autor: conradojimenez . Comentarios: Dejar un comentario